He tenido la oportunidad de probar una de esas marcas míticas. Una firma que, además, cumple con lo que muchos buscamos: fabricación local, buenos materiales, durabilidad y una tradición con décadas de especialización. Hoy pruebo unas zapatillas Novesta.
Novesta produce calzado desde 1930. Casi un siglo fabricando en la antigua Checoslovaquia, ahora Eslovaquia, zapatos, calzado deportivo, botas de lluvia e incluso botas para el ejército. Todo ello hecho a mano, aunque utilizan maquinaria para ciertos procesos, y con un protagonista claro: el caucho. Un material que sigue muy presente en sus modelos más icónicos, como las Star Master, conocidas por su resistente suela de goma vulcanizada.
El modelo que he probado es el Marathon Trail. Unas zapatillas deportivas ligeras que, además de esa característica suela de goma, incorporan refuerzos de cuero. Son las primeras que pruebo después de las Hockerty, y lo cierto es que no lo tienen fácil: aquellas, hechas a medida, han sido las más cómodas que he tenido nunca.
Novesta Marathon Trail
Disponibles en multitud de colores, hay algo que llama especialmente la atención en estas zapatillas: la ausencia de logos. Salvo por un discreto grabado en el talón, casi imperceptible, no encontrarás marcas llamativas al estilo de Nike o Adidas. Y es que, al menos para mí, no somos un anuncio andante. Cualquier zapatilla (y cualquier prenda, en general) me parece mucho más elegante sin logos.
En cuanto a su fabricación, el proceso manual se percibe en el ajuste preciso de la goma a la suela y en el cuidado de las costuras. Todo está en su sitio, muy lejos de la calidad mediocre que ofrecen las cadenas de moda rápida. Además, cuentan con plantillas extraíbles, un detalle práctico que siempre se agradece.
Vamos a lo más importante: ¿son cómodas? He estado utilizado estas zapatillas, tanto para hacer deporte como en el día a día, varias semanas. He de reconocer que, el primer día, el acolchado en la zona del puente me resultó algo incómodo. No es algo habitual en el calzado que suelo llevar, pero con el paso de los días la incomodidad desapareció. Salvando las distancias, me recordó a mis primeros zapatos de construcción Goodyear: al principio algo rígidos, pero luego se adaptan al pie.